Doppelgänger
Siempre me ha fascinado la imagen del doble. Ser otro, pero sin dejar de ser el mismo de siempre. Victor o Victoria. Doctor Jekyll o Mr. Hyde. De hecho, intento hacerlo cuando escribo. Por eso cambio la grafía de mi nombre. Cuando me visto con la equis, en cierta manera, me siento otra persona mucho más libre y auténtica.
Normalmente soy capaz de distinguir quién de los dos soy. Por la mañana soy uno. Por la tarde, en cuanto dejo el trabajo y me siento frente al ordenador, soy otro. El problema surge cuando de repente se producen interferencias y las personas que están conmigo por la mañana, piensan que están con el que soy por la tarde. Como me ocurrió cuando gané el Premio Asturias Joven de Narrativa con Historias de la Fortaleza. De pronto, todos mis compañeros de trabajo comenzaron a felicitar y a brindar por el escritor convencidos de que era yo. No supe explicarles que el escritor,en realidad, no estaba con ellos.


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